Los hechos ocurrieron en la Compañía de Comunicaciones de Montaña 8 y salieron a la luz a partir de denuncias internas presentadas dentro de la propia fuerza. Según se comprobó en la investigación, los aspirantes eran sometidos a golpes, insultos, ataduras, descargas eléctricas y situaciones de ahogo mediante el uso de bolsas de nylon. Las agresiones se enmarcaron en un ritual conocido como “chasqui de guerra”.
El Tribunal Oral Federal 1° de Mendoza condenó a los dos responsables tras considerar acreditadas las acusaciones. Uno de ellos, quien se desempeñaba como jefe del Núcleo de Instrucción Básico al momento de los hechos, recibió una pena de un año y medio de prisión condicional y fue inhabilitado para ejercer funciones públicas. El segundo condenado recibió un año de prisión.
En los fundamentos de la sentencia, el tribunal sostuvo que ambos “abusaron de su poder” y que sus actos “no tenían respaldo reglamentario alguno”. También se remarcó la existencia de una clara intención de “humillar y someter” a los aspirantes.
No se trata del primer caso en el que miembros del Ejército enfrentan un juicio por este tipo de prácticas en el marco de los llamados “bautismos” o rituales de iniciación.
