El índice de confianza en el gobierno de Javier Milei volvió a caer en enero y se ubicó en 2,40 puntos, según el relevamiento mensual de la Universidad Di Tella. La baja del 2,8% respecto de diciembre confirma una tendencia descendente que, aunque gradual, empieza a reflejar el impacto social del ajuste y la pérdida de expectativas en amplios sectores de la población.
Uno de los datos más llamativos es que el retroceso fue más fuerte justamente entre los grupos que históricamente respaldaron al Presidente. Entre los hombres, el índice cayó un 5,3% y quedó en 2,52 puntos, mientras que entre los jóvenes de 18 a 29 años la baja fue aún más pronunciada: 7,5%, aunque siguen siendo el segmento con mayor nivel de confianza. La lectura política es clara: el deterioro de la actividad económica y del empleo formal empieza a golpear el corazón del electorado libertario.
En términos geográficos, la caída se registró en todo el país, pero fue especialmente marcada en la Ciudad de Buenos Aires, donde el índice se desplomó un 12,4%. En el interior y en el Gran Buenos Aires el retroceso fue más leve, aunque igualmente negativo. El dato sugiere que ni siquiera los distritos históricamente más favorables al oficialismo quedan al margen del creciente malestar.
El estudio también muestra que todos los subíndices empeoraron, con descensos notorios en Eficiencia y Honestidad. Para un gobierno que hizo de la “motosierra” y de la lucha contra la corrupción sus banderas discursivas, estos números representan algo más que una fluctuación estadística: son una advertencia política. La confianza sigue siendo mayor entre quienes creen que la economía va a mejorar, pero incluso allí hubo una caída. En un escenario donde crece el pesimismo, el Gobierno enfrenta el desafío de revertir una tendencia que, de sostenerse, puede transformarse en un problema de gobernabilidad.
