Mientras los dirigentes se insultan, la Provincia se cae: el ajuste que vacía los bolsillos bonaerenses

En las barriadas populares del conurbano bonaerense, el intercambio de insultos entre el presidente Javier Milei y el gobernador Axel Kicillof suena a música de otro planeta. Mientras los dirigentes se cruzan acusaciones en los estudios de televisión, en los comercios de cercanía de Merlo, José C. Paz o Lomas de Zamora la preocupación pasa por otra cosa: cómo hacer para llegar a fin de mes con una inflación que no da tregua y un Estado nacional que se retiró de la obra pública, los subsidios al transporte y los programas de contención social.
El drama tiene rostros concretos. Son los jubilados que vieron licuarse sus haberes frente a una canasta básica que no para de escalar, los changarines que esperan en la esquina una changa que cada vez aparece menos y los pequeños comerciantes que miran la persiana con la incertidumbre de no saber si podrán volver a levantarla al día siguiente. La asfixia a los municipios por parte de la actual gestión nacional —con el freno de las transferencias y el abandono de la inversión en infraestructura— golpea de lleno en los sectores más desprotegidos, esos que no tienen margen ni espalda para bancar un ajuste más.
En los barrios, la cruda realidad se palpa en la fila del almacén, donde cada vez más vecinos piden fiado; en la salita sanitaria que no recibe insumos desde hace meses; en el comedor comunitario que duplicó la cantidad de familias anotadas en el último semestre. El modelo de ajuste que impulsa el oficialismo pega donde más duele: en la mesa de los hogares que ya habían hecho todos los recortes posibles. Y la proyección, según coinciden referentes barriales y organizaciones sociales, es de un agravamiento sostenido mientras no haya un cambio de rumbo.
La pelea entre Milei y Kicillof es apenas la superficie de un problema mucho más profundo: el abandono sistemático de la provincia más poblada del país. Mientras el Presidente elige el ataque personal como estrategia comunicacional, en el territorio bonaerense la vulnerabilidad avanza manzana por manzana, y el drama de la privación se instala como paisaje cotidiano en un interior que se siente cada vez más lejos de las prioridades de la Casa Rosada.
