Jorge Macri ya mide a Bullrich para la sucesión porteña: en los barrios, la devaluación del bolsillo no espera a las urnas

En las calles de los barrios porteños, lejos de los despachos de la Uspallata, la conversación no gira en torno a quién será el próximo candidato. En las panaderías de Mataderos, en las ferias de Liniers, en los almacenes de Villa Lugano, lo que se escucha es la angustia del que no llega a fin de mes. «La competencia saca lo mejor de cada uno», lanzó Jorge Macri cuando le preguntaron por una eventual candidatura de Patricia Bullrich a la Jefatura de Gobierno en 2027. Una frase de manual político que dice poco y nada al jubilado que hace malabares para estirar la mínima o a la familia que dejó de comprar lácteos porque los precios se dispararon sin que el ingreso los acompañe.
La dirigencia de la actual gestión porteña —heredera del modelo macrista que ajustó sin pausa los servicios públicos y precarizó la vida de los sectores más desprotegidos— ya palpita las elecciones del año próximo mientras la Ciudad acumula persianas bajas y vecinos que no pueden pagar el alquiler. La senadora Bullrich, que no descartó competir por la sucesión, y el actual mandatario intercambian gestos de buena educación política. «Está buenísimo», festejó Macri la posibilidad de una rivalidad interna. Pero en la calle, donde se mide de verdad la gestión, el saldo es otro: tarifazos en el transporte, aumentos en el ABL y una red de contención social cada vez más desfinanciada.
El desplome del consumo en las barriadas populares no es una estadística lejana: es la verdulería que cierra la persiana al mediodía porque no entra nadie, es el taller textil del Bajo Flores que redujo a la mitad los puestos de trabajo, es el almacenero que fía hasta que ya no puede más. La competencia de la que habla el jefe de Gobierno puede ser un ejercicio estimulante para la rosca política, pero para los miles de porteños que dependen de la olla popular o del comedor comunitario la urgencia no admite calendarios electorales. La pelea por la sucesión en la Ciudad avanza mientras la vulnerabilidad social se agrava mes a mes, empujada por una gestión que licúa salarios y jubilaciones sin que las promesas de reactivación lleguen a tocar la puerta del vecino.
En los pasillos de la Legislatura porteña ya se anotan nombres para la carrera de 2027; en las barriadas, en cambio, los vecinos se anotan en las listas de espera de los hospitales públicos desfinanciados y en las colas de las parroquias que reparten viandas. La interna del oficialismo avanza a paso firme mientras el drama cotidiano de la Ciudad sigue sin encontrar respuesta en una administración que parece más ocupada en ordenar su tropa electoral que en atender la emergencia social que golpea a los sectores más desprotegidos.
