La última medición del Indec refleja una realidad social compleja que contrasta con el relato optimista del Gobierno. En medio de una crisis cada vez más apremiante, el informe oficial señala que el 42 % de los hogares con ingresos informales ha tenido que reducir las porciones de comida entre los adultos, un indicio claro de precariedad creciente.
Al mismo tiempo, crece el endeudamiento en los sectores más vulnerables, una señal de que las familias ya no pueden cubrir sus necesidades básicas solo con sus ingresos. Sin embargo, el mensaje oficial evita retratar un escenario tan dramático: el Gobierno opta por una narrativa más contenida, presentando los datos de forma más “suavizada” para no alarmar.
Este contraste pone en evidencia una tensión entre la realidad social, cada vez más golpeada por la inflación y la informalidad, y el discurso oficial, que busca transmitir estabilidad y control.
En definitiva, el Indec no oculta la crisis, pero el Gobierno parece maquillar su magnitud para amortiguar el impacto político y social.
