El plan económico ha entrado en una fase de «canibalismo financiero» donde el Estado, para cumplir con sus compromisos de deuda, devora el crédito destinado a la gente y las empresas. La falta de pesos en la calle no es casualidad, sino el resultado de un retiro inducido de liquidez por parte del Tesoro para renovar vencimientos por 10 billones de pesos esta semana. La consecuencia inmediata es un encarecimiento brutal del financiamiento: las tasas de caución tocaron picos del 190%, un costo que ninguna pyme ni economía familiar puede absorber sin romperse.
El impacto social de esta política ya es visible en las estadísticas de morosidad. Los préstamos personales presentan un incumplimiento cercano al 10%, mientras que el financiamiento de los saldos de tarjetas de crédito se ha vuelto una trampa mortal para las familias con ingresos congelados.
Mora en familias: Saltó al 7,8% general, reflejando la incapacidad de pago ante el salto del costo financiero.
Empresas en riesgo: La morosidad se triplicó respecto al año pasado, situándose en 4,5% y anticipando una ola de quiebras.
Efecto bumerán: El intento de «planchar» el dólar a través de la escasez de pesos está destruyendo el consumo y la cadena de pagos, neutralizando cualquier beneficio teórico de la estabilidad cambiaria.
