El bolsillo en la mira: la advertencia por el regreso de una YPF privada en medio de la escalada de combustibles

Mientras los surtidores porteños registran aumentos superiores al 20% en la nafta súper, el debate por el futuro de YPF se instala como una preocupación central para el consumo doméstico.

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El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, advirtió que la promesa electoral de Javier Milei de entregar la petrolera al capital privado eliminaría la última herramienta que tiene el Estado para amortiguar el impacto de los precios internacionales sobre los productos básicos. «No es solo el surtidor, es el encadenamiento de valor sobre todos los productos», remarcó el mandatario, señalando que la falta de una política energética soberana encarecería aún más los alimentos y el transporte, en un contexto de caída libre del poder adquisitivo.

 

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La visión del Gobierno Nacional, expresada por Luis Caputo, minimiza el rol estratégico de la empresa pública y confía la seguridad energética a la voluntad de las petroleras privadas y la desregulación tarifaria. No obstante, la realidad para el vecino de a pie es que la nacionalización de la firma permitió recuperar un autoabastecimiento que hoy el modelo de Milei pretende rifar. En un escenario donde el petróleo Brent presiona las góndolas locales, la insistencia oficial por desmantelar el control estatal de YPF aparece como una amenaza directa a la estabilidad de los hogares, que ya enfrentan una inflación empantanada y una política económica que, según la gobernación bonaerense, prioriza la obtención de divisas financieras por sobre el bienestar del pueblo argentino.

 

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