Al identificarse como el líder mundial más cercano a las políticas ofensivas de Washington e Israel, el mandatario nacional ha ignorado las dolorosas lecciones de nuestra historia reciente, invocando fantasmas de ataques en suelo propio que se creían superados. En un escenario donde el conflicto ya no se limita a las fronteras del Golfo Pérsico y se manifiesta mediante ataques a buques y drones en diversos puntos del globo, la ostentosa celebración de operaciones militares extranjeras por parte del Ejecutivo nacional coloca a los ciudadanos en una línea de fuego innecesaria y extremadamente peligrosa.
La imprudencia oficial se manifiesta en la voluntad de participar directamente en un conflicto que ya ha derramado sangre a miles de kilómetros de su origen, como lo demuestra el reciente hundimiento del buque iraní IRIS Dena. Mientras el resto de América Latina mantiene una postura de dignidad y preservación, la Argentina libertaria se encamina hacia una «guerra en mosaico» donde el suministro de energía, agua y alimentos puede volverse blanco de ataques asimétricos. El viaje del Presidente a Miami para reforzar sus lazos con el trumpismo ocurre en un contexto de absoluta incertidumbre, donde la negativa a descartar el envío de soldados a la zona de combate revela que el Gobierno está dispuesto a sacrificar vidas argentinas en función de una agenda globalista ajena a los intereses nacionales, transformando la paz interior en una moneda de cambio para su posicionamiento internacional.
