En provincias como Santiago del Estero, el costo de los alimentos esenciales ya devora el 33% del sueldo promedio, una cifra alarmante que refleja el empobrecimiento sistemático de la base social. Mientras el Gobierno nacional festeja indicadores financieros alejados de la gente, las familias del norte argentino enfrentan aumentos de dos dígitos en productos básicos como los huevos, cuyo valor se disparó por encima del 10% en pocas semanas, forzando a miles de ciudadanos a recortar consumos elementales para llegar a fin de mes.
La realidad de los supermercados es desoladora: llenar el carro de compras requiere hoy un piso de 828.000 pesos, una cifra que pulveriza el poder adquisitivo de quienes no pertenecen a los sectores registrados de altos ingresos. El informe de Analytica subraya que productos de consumo cotidiano, como el aceite de girasol, registran alzas generalizadas por segundo mes consecutivo, evidenciando una inercia inflacionaria que la gestión oficial no ha querido o no ha sabido frenar. La desigualdad regional se agudiza, y mientras en algunas provincias del sur el impacto se amortigua levemente por ingresos más altos, en el corazón del país y en el norte la canasta alimentaria se ha transformado en un obstáculo infranqueable para la dignidad de las familias trabajadoras.
