Del mostrador a la encuesta: la bronca de los barrios mandó al oficialismo al cuarto puesto

En la panadería de la esquina, en la cola del banco, en la parada del colectivo de las barriadas populares, el comentario se repite como un lamento contenido: «Ya no alcanza, y encima nos mienten». La devaluación del bolsillo se volvió el tema obligado de cada charla de vecinos, mientras el desencanto con el rumbo económico dejó de ser una sospecha para convertirse en un dato duro que ahora certifican hasta las encuestas. Un estudio de alcance nacional elaborado por la Universidad de Buenos Aires acaba de confirmar lo que las calles del conurbano y los pueblos del interior vienen gritando hace meses: la confianza en la actual gestión se desploma sin distinción de geografías ni de clases.
El relevamiento, que midió la imagen de 16 políticos y potenciales candidatos, arrojó un resultado lapidario para el oficialismo: Javier Milei quedó relegado al cuarto lugar, superado por tres figuras de la oposición. El dato más elocuente, sin embargo, es otro: de todos los dirigentes evaluados, apenas una diputada logró esquivar el veredicto contundente de acumular más imagen negativa que positiva. Ni siquiera el núcleo duro del votante oficialista parece dispuesto a bancar a ciegas un modelo que licúa salarios y jubilaciones sin anestesia.
El significado de estas cifras se palpa en los sectores más desprotegidos, esos que el ajuste viene castigando sin pausa ni contemplaciones. Jubilados que dejaron de comprar los remedios de marca y ahora fraccionan las pastillas para estirar el blíster; changarines que ven cómo se evapora la changa de un día para el otro; pequeños comerciantes de cercanía que bajan la persiana antes de tiempo porque «ya no entra nadie». El drama de la licuación de ingresos ya no distingue entre quienes votaron al oficialismo y quienes no: la asfixia es pareja, y el descontento que refleja la encuesta de la UBA es apenas la punta visible de una frustración mucho más profunda.
A un famoso que aspiraba a capitalizar el enojo social el sondeo lo mandó directamente al último lugar, en una señal de que la bronca acumulada ya no se canaliza en aventuras individuales sino en la búsqueda de alternativas políticas concretas. La proyección no ofrece consuelo: si el rumbo no cambia, el agravamiento de la vulnerabilidad en los hogares argentinos seguirá ensanchando la brecha entre el relato triunfalista que insiste el oficialismo y la cruda realidad que se respira cada mañana en las esquinas del interior bonaerense y las barriadas del conurbano.
