El ajuste dejó a las familias contra la pared: el endeudamiento ya es «una pistola en la cabeza»

En las barriadas populares del conurbano bonaerense, la cruda realidad se respira todos los días: familias que hacen malabares para llegar a fin de mes, jubilados que patean deudas mes a mes y comercios de cercanía que ven esfumarse a los clientes de siempre. La devaluación del bolsillo dejó de ser una frase de manual y se convirtió en el drama concreto de quien, llegada la hora de la cena, tiene que elegir entre pagar la tarjeta o llenar la heladera.
Frente a ese cuadro, el gobernador bonaerense Axel Kicillof salió a denunciar la inacción de la Nación ante el endeudamiento y la morosidad que golpean a las familias y fue contundente: «Sí hay una pistola en la cabeza». Lejos de limitarse al reclamo, anunció medidas desde la Provincia para asistir a los sectores más desprotegidos, mientras la actual gestión mira para otro lado y profundiza un ajuste que licúa ingresos, asfixia a los comercios de barrio y empuja a miles de hogares hacia la privación.
El malestar no es un reclamo aislado. La oposición lo tomó como bandera: en La Rioja, el gobernador Ricardo Quintela firmó un DNU en la misma dirección, y la denuncia por la asfixia de las familias fue uno de los ejes de la marcha convocada por la CGT, las dos CTA y las organizaciones sociales. La calle, una vez más, puso en palabras lo que el modelo prefiere no escuchar.
La proyección, si el oficialismo persiste en la inacción, es de agravamiento: más endeudamiento, más licuación de los ingresos y más privación en los hogares más vulnerables. Mientras tanto, en los barrios la pregunta sigue siendo la de siempre: hasta cuándo se estira un bolsillo que ya no da más.
