El costo social del libre mercado: el derrumbe de las automotrices vacía las fábricas y destruye miles de hogares

El drama del desempleo y las suspensiones masivas golpea con fuerza los principales polos industriales del país, donde el sueño del auto propio ha quedado cancelado para la mayoría de la población debido a una inflación que empantana los ingresos familiares. El impacto no se limita a las grandes marcas de automóviles, sino que se propaga de manera trágica hacia todo el ecosistema de pequeñas y medianas empresas proveedoras de componentes, provocando el cierre definitivo de talleres históricos y dejando a cientos de operarios en la calle sin perspectivas de reinserción laboral.
La magnitud de la crisis social se evidencia en el colapso absoluto de las ventas en los concesionarios locales, que registraron un desplome superior al treinta y un por ciento durante el mes de abril en comparación con el año anterior. Marcas emblemáticas como Volkswagen y el grupo Stellantis, que nuclea a Fiat y Peugeot, debieron anticipar vacaciones y reestructurar sus esquemas de personal ante una demanda interna que desapareció por completo. El cese de operaciones de autopartistas críticas como Adient en Santa Fe, encargada de la producción de asientos, y los recortes en firmas como SKF y Suspenmec, muestran cómo el desmantelamiento de la cadena de valor golpea a las economías regionales. Mientras las familias asisten con angustia a la pérdida de sus puestos de trabajo, el mercado interno sigue hundiéndose bajo el peso de tarifas inalcanzables y la falta de financiamiento para el consumo masivo
