El «Efecto Bolsillo Vacío»: el consumo masivo se desploma un 3% mientras las familias priorizan pagar la luz y el gas

Un relevamiento privado confirma que el 86% de los argentinos siente que pierde contra la inflación. Sin margen de ahorro, el dinero se drena en gastos fijos obligatorios y cae la compra de alimentos básicos.
La promocionada desaceleración inflacionaria del Gobierno nacional no logra traducirse en alivio para los consumidores. Un reciente estudio de la consultora Zentrix revela que el 86% de los encuestados percibe que su salario continúa perdiendo la carrera contra el costo de vida, mientras que un alarmante 61% admite que sus ingresos no le alcanzan para cubrir el mes completo más allá del día 20. La causa detrás de este fenómeno de empobrecimiento sistemático radica en que las boletas de servicios públicos devoran una porción cada vez mayor del presupuesto familiar, dejando un remanente ínfimo para la subsistencia diaria.
Este estrangulamiento de los presupuestos domésticos tiene un correlato directo en las góndolas. Según los datos de la consultora Scentia, el consumo de productos esenciales como alimentos, limpieza e higiene acumula una retracción del 3% en lo que va del año. Ante la disyuntiva de acumular deudas de servicios con punitorios o recortar la calidad de la alimentación, los hogares argentinos han optado por restringir drásticamente sus compras cotidianas, desmintiendo el relato oficial de una supuesta reactivación del mercado interno.
La brecha estacional del invierno agrava el panorama, ya que los incrementos regulados en las tarifas de gas superaron el 6% solo en el último bimestre, coincidiendo con los picos de mayor consumo por las bajas temperaturas. Mientras el Ministerio de Economía intenta desviar la atención celebrando rebotes estadísticos en el PBI que contemplan el pago inflado de estas tarifas básicas, la realidad de los almacenes de barrio y grandes supermercados expone una crisis de demanda de la que el Gobierno prefiere no hacerse cargo.
