Súper RIGI, el negocio de los grandes capitales: la espera que las barriadas populares pagan con el bolsillo

En las barriadas populares el Súper RIGI no se lee como un titular de la política: se siente como la devaluación del bolsillo que se estira semana tras semana. Mientras en el Senado el debate se dilata y el oficialismo sale a contener el voto de sus aliados, en los comercios de cercanía el dueño repasa la caja, mira la puerta vacía y descubre que la promesa de las grandes inversiones no le alcanza ni para pagar el alquiler. La actual gestión insiste en que el régimen es la llave del desarrollo, pero la cruda realidad de la calle cuenta otra historia.
Los más golpeados por el modelo son los de siempre. Los jubilados ven cómo la licuación se come sus haberes mes a mes, los changarines cuentan las changas que no aparecen y las pymes de barrio pelean contra la asfixia de los costos sin saber cuánto más van a resistir. El Súper RIGI, en cambio, apunta a los grandes capitales: beneficios, estabilidad y garantías a largo plazo para quienes ya concentran la riqueza. Para los sectores más desprotegidos no hay plenario de comisiones, ni dictamen, ni una sola respuesta.
El drama se palpa en el día a día. La vulnerabilidad crece en los hogares que llegan justos a fin de mes y la privación se instala en las mesas donde el pan se compra por unidad y el fiado vuelve a ser costumbre, mientras la libreta del almacén se llena de deudas que nadie sabe cuándo podrá pagar. Mientras tanto, el Gobierno envía a Carlos Guberman a un plenario de comisiones para responder las dudas de los dialoguistas y despejar el camino: en el oficialismo confían en que la propuesta tendrá dictamen la próxima semana.
La proyección no invita al alivio. Cada concesión a los grandes inversores se termina pagando con la misma moneda: el desplome del poder de compra de las familias y el recorte de lo que llega a la mesa. El barrio no pide un Súper RIGI, pide que la plata alcance. Y mientras el Senado sigue en veremos, la calle ya sabe quién gana con la demora y quién sigue esperando a que el ajuste afloje.
