El fin del kilo de pan: las familias compran fraccionado y los jubilados eligen entre comida o remedios

La devaluación del bolsillo modificó los hábitos de consumo cotidianos. El desplome de la venta de facturas alcanza el 80% y crece el pedido de donaciones al final de la jornada laboral.
La crisis económica actual está reconfigurando las costumbres más arraigadas en los hogares argentinos, incluso al momento de sentarse a la mesa. En las barriadas populares, la compra de pan por kilo se ha convertido en un recuerdo del pasado. Ante la alarmante pérdida del poder adquisitivo, los vecinos se ven obligados a comprar de manera fraccionada, solicitando apenas una o dos «flautitas» para resolver la comida del día. Las facturas, las tortas y las masas, que antes formaban parte de los fines de semana familiares, sufrieron un desplome de consumo del 80%, pasando a ser un lujo inalcanzable para la mayoría.
El sector más afectado por esta cruda realidad es el de los jubilados, quienes constituían una clientela diaria y fiel para los comercios de cercanía. La licuación de las jubilaciones frente a la inflación de los servicios y productos médicos ha llevado a los adultos mayores a un escenario dramático: elegir entre alimentarse o adquirir los medicamentos que necesitan para sobrevivir. Así, la falta de ingresos no solo vacía los mostradores, sino que incrementa la vulnerabilidad de una población que ya no puede cubrir la canasta básica alimentaria.
La crisis social se palpa en el día a día de las panaderías del conurbano bonaerense. Referentes del sector de Merlo aseguran que hoy es más frecuente que la gente se acerque a las panaderías al cierre del horario de atención para solicitar donaciones de mercadería sobrante que para comprar. Mientras el consumo de lo elemental retrocede, la brecha de vulnerabilidad se ensancha en los comercios de barrio, transformados en testigos directos de la creciente privación alimentaria en los sectores más desprotegidos de la sociedad.
