Un gabinete ausente durante 45 días: en las barriadas populares el drama no espera la foto oficial

Recién después de cuarenta y cinco días, el gabinete nacional volvió a reunirse de manera formal. El dato, presentado por el oficialismo como una señal de orden y de regreso a la gestión, contrasta con lo que se vive todos los días en las barriadas populares: mientras la actual gestión pasaba más de un mes sin convocar a sus ministros, la devaluación del bolsillo no se tomó un solo descanso. El regreso a Balcarce 50 —la primera reunión desde el 9 de julio— llega cuando la cruda realidad de la calle ya no admite más dilaciones y cuando los vecinos, puerta a puerta, siguen haciendo cuentas para llegar a fin de mes.
Los sectores más desprotegidos vuelven a quedar a la intemperie. En los comercios de cercanía el drama se cuenta a diario, sin pausa: la asfixia del vecino que estira el sueldo hasta fin de mes no espera a que el gabinete se junte. Jubilados, changarines y familias de los barrios miran con desconfianza una convocatoria que, según admite el propio relato oficial, tiene la mira puesta en las reformas que el modelo impulsa en el Congreso. Para ellos, la prioridad nunca fue una foto de ministros reunidos, sino un alivio que todavía no asoma.
Lo que se anuncia como gestión no termina de palparse en el territorio. El gobierno habla de una agenda legislativa cargada de reformas; la calle, en cambio, sigue esperando respuestas concretas que no llegan. La licuación de los ingresos y la vulnerabilidad creciente son la contracara de una gestión que se mueve entre anuncios, ausencias y promesas de cambio. Las reformas se debaten a puertas cerradas, mientras afuera la privación se pasea sin pedir permiso, y el contraste entre el relato oficial y la vida cotidiana se vuelve cada día más difícil de disimular.
La proyección, por eso, no invita al optimismo. Si la agenda que se impulsa avanza en la dirección que anticipa la actual gestión, la privación de los que menos tienen amenaza con profundizarse todavía más. El oficialismo reunió a sus ministros después de un mes y medio de silencio; las barriadas populares, mientras tanto, siguen esperando una mano que no aparece. Y en esa espera se resume, quizás, el drama entero de este tiempo.
