El bolsillo se achica sin freno: la familia que llega justo y termina tapando agujeros con la tarjeta

26 de agosto de 2026 · admin

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En la panadería de barrio ya no se pregunta cuánto sale el kilo, sino cuánto se puede llevar. La escena se repite a diario en los comercios de cercanía de las barriadas populares: el vecino cuenta las monedas, hace la cuenta en el aire, pide menos y a veces deja algo afuera de la bolsa. El jubilado estira la jubilación hasta donde no da más, el changarín vuelve a casa sin la changa y la familia se sienta a la mesa con lo que hay. No es una postal aislada: es la devaluación del bolsillo que avanza sin pedir permiso y sin distinguir a nadie.

Esa película de todos los días es la que ahora retrata, en frío, una nueva encuesta nacional de la consultora Equipo Mide, que indagó sobre el poder adquisitivo de las familias y sobre el debate del momento: las deudas por los préstamos y las tarjetas. El estudio confirma lo que en los barrios se sabe desde hace rato y se siente en carne propia: los ingresos rinden cada vez menos y la licuación golpea primero a los sectores más desprotegidos. Los jubilados, los changarines y las pequeñas pymes de cercanía aparecen como los más castigados por un modelo que ajusta sobre los que menos tienen.

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En el día a día, el drama se palpa en la tarjeta que ya no da abasto y en el préstamo que se pide para tapar otro préstamo. La asfixia se traslada de la góndola al resumen de la tarjeta, y de ahí a la fila del banco o del crédito de emergencia. Mientras el oficialismo insiste en que el rumbo es el correcto, en la calle la vulnerabilidad se profundiza: la privación se agranda y la plata no alcanza ni para lo indispensable.

Y la proyección no da tregua. Si el poder adquisitivo sigue en desplome y las deudas se acumulan, el agravamiento es el único horizonte que asoma para las familias que viven al día. El relato oficial choca de frente con la cruda realidad de las barriadas populares, donde la encuesta no hace más que poner en números lo que el vecino ya cuenta todas las tardes, a la hora de llenar la bolsa.

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