El engaño de las transferencias: la deuda con los colectivos profundiza la crisis del transporte

La administración de Javier Milei continúa tensando la cuerda con el sistema de transporte público al ofrecer soluciones insuficientes frente a una deuda que asfixia a las prestatarias. A pesar de que la Secretaría de Transporte anunció el desembolso de una fracción de los fondos retenidos para este viernes, el sector privado calificó la medida como una verdadera decepción que no alcanza para normalizar la circulación de las unidades. En un contexto de ajuste feroz, el Ministerio de Economía, liderado por Luis Caputo, rechazó de plano la emisión de un bono para cancelar los pasivos totales, dejando a las empresas en una situación financiera límite que impacta directamente en la frecuencia de los recorridos en el Área Metropolitana de Buenos Aires.
El conflicto se agrava por el desfasaje intencional que el Gobierno mantiene sobre los costos operativos, especialmente en el valor del combustible. Mientras las petroleras disparan sus precios al ritmo de la inestabilidad internacional, el Estado reconoce un valor del gasoil muy inferior al de mercado, forzando a las compañías a una «racionalización de servicios» que ya se traduce en largas esperas y paradas desbordadas. Esta política de asfixia, que desde la Casa Rosada despachan con un cínico «no hay plata», ignora la operatividad básica de un servicio esencial. Lejos de la estabilización prometida, el horizonte muestra un sistema degradado donde la ortodoxia económica del oficialismo se impone sobre la movilidad de miles de trabajadores que ven cómo el transporte se convierte en un lujo inalcanzable.
